29/12/2009

Sensaciones

Parece ser que sí, que es verdad, que estoy cambiando. Muchos de vosotros me llamaréis cansina, puesto que me habréis escuchado decirlo varias veces en estos últimos meses, pero es que sé que lo estoy haciendo. Y es que es una sensación increíble... ¿nunca habéis tenido la impresión de que algo grande se estaba moviendo a vuestro alrededor? Pues justo así me siento yo ahora mismo, sé que mi mundo está dando un giro radical, lo noto, siento las vibraciones en cada movimiento, en cada pestañeo que logro completar. Siento que el aire cambia, que mi pequeño mundo se mueve muy despacio pero imparable, en una dirección que aún no consigo adivinar.

Y lo sé porque yo también estoy cambiando. Resulta curioso observarse a uno mismo, ¿nunca lo habéis hecho? A veces resulta divertido. Otras no te gustará lo que verás. Y otras, simplemente constatarás cosas que ya sabías. Pero este no es mi caso, o no lo es al menos por ahora. Siento como si los goznes de una puerta se estuvieran girando, o incluso el olor suave y dulce que precede a toda primavera. Me veo a mí misma y a la vez no me reconozco en muchos aspectos. A veces me pregunto ¿estaré loca? No. Solo estoy madurando.

Lo percibo al mirarme en el espejo a los ojos, con la cadencia de mis movimientos o incluso en mi forma de hablar. Sé que me estoy volviendo más fuerte, pero también más independiente. Poco a poco me voy dando cuenta de que efectivamente estoy ahí, de que tengo que cuidarme y de que lo más importante es que yo sea feliz. El resto no importa.

Soy consciente también en mi forma de actuar y de pensar. Esta última vez intenté no llorar cuando te marchaste, y casi lo consigo. ¡La próxima vez lo lograré! No necesito hablar contigo todos los días, sé que estás en algún lugar acordándote de mí. Y te quiero desde lejos. Ya no me duele tanto la soledad, ni estar lejos de tí, porque sé que en realidad no estoy sola, y no lo he estado nunca. Y si lo estoy, ¡yo me basto! No sabes cuánto añoraba esa sensación tan placentera de tumbarme en el sofá y leer un libro, o ver la tele sin pensar en salir corriendo.

En estos días he disfrutado de mi familia, que falta me hacía abrazar a un par de personas que quiero más de lo que quizás se merezcan... pero también he tenido la oportunidad de hablar, comprar y soñar por los pasillos llenos de gente con mi motera favorita. Aunque si te soy del todo sincera, querida amiga, me gustaría volver a conocer a esa personita de la que tanto me habían hablado y que tan triste estaba en esa tarde lluviosa, porque estoy segura de que si las circunstancias hubiesen sido otras, hubiéramos podido conectar más. Quizás fue lo único que empañó mi pequeño corazón en ese día tan estupendo.

Conclusión: como leía por ahí en un blog, estoy redescubriéndome a mí misma. Resulta paradógico pensar que es justo ahora cuando me empiezo a plantear qué es lo que quiero, y si realmente estoy actuando correctamente. Bueno, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. ¡Crucemos los dedos! Pido paciencia a todos aquellos que están a mi lado, porque sé que merece la pena. O al menos eso intuyo. =)

También quiero daros las gracias a vosotros, blogueros, por soportarme este año y por seguir esta humilde pizarrita en la que de vez en cuando, dejo que mis dedos se escurran por el teclado en busca de palabras que expresen lo que mi alma piensa. A todos vosotros miles de gracias. ¡Prometo que quedará gatita para otro año más!

¡¡ que paséis una feliz navidad y unas felices fiestas!!

12/11/2009

Aprendiendo a caminar

Qué le vamos a hacer, hoy estoy un poco sensible. Quizás sea que tras la presión, y cuando por fín llega la calma después de unos días de continuo sprint universitario, todo aquello que había enmascarado vuelve con más fuerza. Y no estás.

Han sido unos días en los que he estado muy ausente y soy consciente de ello, pero mi tiempo ha sido devorado por un trabajo que ha exigido mucho más de mí de lo que estoy acostumbrada. Esta mañana me liberé de esa carga con una gran alegría, en parte por el resultado obtenido, y también en parte por el gran peso de encima que me quitaba y que hacía que no pudiese estar todo lo pendiente que me hubiera gustado de la gente a la que quiero y que está a mi alrededor.

Este esfuerzo, pero sobre todo las positivas consecuencias que ha ocasionado, me están haciendo replanterme ciertas cosas en cuanto a mi forma de trabajar, pero básicamente lo que me ha aportado, ha sido fuerza. Porque la necesito. Necesito un motivo, una excusa o algo similar en lo que centrarme por las tardes, para olvidarme del teléfono y no pensar que no estás a mi lado para pedirte ayuda.

Me considero una persona activa, y últimamente también le estoy dando (quizás demasiadas) vueltas a la cabeza sobre mi situación en estas navidades. Situación laboral, quiero decir. Me gustaría volver al mundo de las prácticas, a los micrófonos, a aprender todo lo que me quieran enseñar. ¡Quiero ser una esponja, absorber destrezas! Dicho así puede sonar un poco alocado, que lo es, pero no me agrada estar detenida demasiado tiempo, necesito movimiento. Quiero progresar, y precisamente por eso estoy deseando que comience a caminar ese pequeño proyecto en manos amigas que me ilusiona enormemente. Nos debemos una charla, motera, porque en estos momentos me vendrían bien algunos de aquellos consejos tuyos, de algunas palabras de un alma muy parecida a la mía, y que en muchas ocasiones parecen una sola ;)

Como decía al principio, y cambiando ligeramente de tema, esta semana estoy un poco sensiblona. Cada vez que lo pienso, me harían falta unos maullidos y algunas leyendas de marionetas que me acompañasen de vez en cuando, sobre todo en esas tardes de soledad parcial en las que deseo más que nunca abrazarte y la distancia me lo impide. Pero no solo son los kilómetros la barrera que me impide llegar hasta tí, porque sabes que, al menos para mí, nunca ha sido un verdadero inconveniente. Se trata más bien de una cuestión personal, de una resolución que tomé hace algún tiempo y que pretendo seguir aplicando. Y es que aunque no lo parezca, estoy madurando, puliendo esas conductas que me causaban más daño que bienestar, a pesar de que ahora el efecto sea justamente el contrario.

Pero eso no significa que no te eche de menos, ni que no me muera por abrazarte, ni que cada noche que pasa sin que te haya mirado a los ojos no me duela un poco más el corazón. Intento adaptarme y hacerme a la idea de que es algo que es necesario, pero lo siento, necesito tiempo... necesito el tiempo suficiente para acostumbrar a mis pulmones a respirar sin tu aliento, para aprender a no buscarte en el andén, pero sobre todo, para evitar el impulso de llamarte cada pocos minutos y decirte cuánto me gustaría tenerte a mi lado...

04/11/2009

¡Bendita intuición!

Parece que de vez en cuando, resulta positivo atravesar una época negativa. Contradictorio, ¿verdad? Creo que solamente en estos casos eres capaz de pararte a pensar en ciertas cosas, de reaccionar, de llevar a cabo empresas que desconocías que podías hacer. Y en ese punto me encuentro exactamente ahora mismo, en una etapa de transición hacia algo que no tengo aún muy claro qué es. Supongo que a eso le llaman futuro, o simplemente evolución.

Me veo en la obligación de confesaros que al final venció la intuición, a pesar de las lágrimas vertidas por el camino. Porque quiero ser periodista, y por que soy en muchos sentidos impulsiva, me dejé guiar por el corazón, por una corazonada muy distinta a la que nos robó la ilusión hace unos días. Y finalmente estuve allí. Pude acceder a tu universo privado, por unos minutos tuve la oportunidad de sentarme cerca de tí, en una nube. Un lugar privilegiado da para mucho. Tuve la gran suerte de escuchar unas palabras increíbles pronunciadas por profesionales increíbles (y totalmente aplicables a mi!), un discurso maravilloso con guiños reconocibles de mano de una de las personas que más me importan y a las que más quiero, a pesar del relativo poco tiempo que paso a su lado... y al final pude estar a tu lado en uno de los momentos más maravillosos de tu vida (y confieso que de la mía también). No cabía en mí de lo orgullosa que estaba en ese instante, y tengo que admitir qu no me canso de ver el vídeo una y otra vez.

Mención aparte merece la "fiestecilla" de después, en la que me sentí en ese escalón situado por encima de una princesa. Las ganas de felicitaros a todos me podían, y una tras otra se fueron sucediendo las caras conocidas, algunas más agradables que otras (todo hay que decirlo). Quería que ese día fuera especial, así que intenté desaparecer, hacerme invisible para regalarte los minutos que te pertenecían a tí y sólo a tí. Las ganas de abrazarte, de rodearte con mis brazos y de cubrirte a besos podían esperar, porque el orgullo y la felicidad que me embargó en aquella tarde no iba a desaparecer, de eso al menos estaba segura. Y pienso reclamarlos tarde o temprano. Gracias por permitirme entrar en tu vida, y sobre todo, por darme la oportunidad de verte brillar en algo parecido a un paraíso dorado, en el que tú eras el ángel más bello.

25/10/2009

Perdida

Necesito desahogarme, y por eso me he lanzado a este abismo que es la escritura. A estas horas apenas hay alguien despierto con quien pueda hablar, y a tí no puedo llamarte por motivos obvios.

Me duele el corazón, y no me refiero a metafóricamente hablando; me duele de verdad. Durante unos días he confiado en que la buena suerte se aliase conmigo, pero al parecer la necesitaban en algún otro lugar más que yo. También he de admitir que he estado ciega, creyéndome merecedora de ciertas atenciones que en realidad no poseo, que no me corresponden, lugares que no puedo ocupar.

Esta semana ha sido no dura, durísima emocionalmente para mí, y más aún lo ha sido con la pregunta que rondaba por mi cabeza, asaltándome una y otra vez sin piedad. ¿Qué es lo correcto? Ando totalmente perdida, sin rumbo, no sé qué debo hacer ni cómo actuar. Creí que lo más importante era estar a tu lado, pero quizás me equivocaba. Creí con todas mis fuerzas que ese día estaría contigo para darte una palmadita en el brazo, llorar a lágrima viva, como ahora, pero por motivos completamente distintos. Creí que recordaría junto a tí ese día que va a ser tan especial, y que no se va a repetir nunca más. Pero quizás estaba equivocada.

Con todo esto solo quiero poner de manifiesto cómo me siento ahora, la contrariedad tan grande que experimento, la dualidad en mis venas. ¿Qué debo hacer? A esa pregunta he estado buscándole la solución mas correcta durante todos estos días, y aún no la he encontrado. Me debato entre lo correcto y lo deseable, entre los dos polos, el sí y el no. ¿Qué hago? Los consejos no me faltan, tanto de un lado como de otro, aunque tal vez siguiendo todos una única dirección: la contraria a la mía.

Muchas veces me tacháis de infantil, de inmadura, ¡pero no lo soy! No al menos en esto. No entendéis que si al final la respuesta es un no, me arrepentiré durante toda mi vida. Y tampoco entendéis que me sea tan duro, precisamente por esto, porque tengo a la mitad de mi mundo en contra, decir que sí, y ver así cómo el mundo pasa ante mis ojos y sin poder acceder a él.

Escribo desde la rabia y la indignación, desde la tristeza y la necesidad de encontrar una respuesta con el tiempo en mi contra, con un día señalado y la obligación de tomar una decisión. No pretendo obligar ni condicionar a nadie con mi elección, pero por encima de todo, no quiero que recuerdes ese día como un día triste, como un día gris. Y créeme que no me gustaría, es más, odiaría que lo recordases sin mí... pero empiezo a tener la sensación de que no poseo la suficiente autoridad como para influir en ello.

Lamento mucho mis desvaríos nocturnos, pero al fin y al cabo este espacio se creó para expresar cómo se encuentra esto que yo denomino motor de mi vida, y que otros llaman corazón. Sobra decir que no pretendo tu arrepentimiento, ni tu enfado, ni tu compasión. Solo quería decirte que estoy perdida, que llevo perdida unos días, y que no sé cómo hacer para hacer lo correcto sin dejarme la ilusión por el camino.

24/10/2009

Estado emocional

Para qué expresarlo con palabras, si existen canciones que pueden mostrar en qué dirección caminan mis pensamientos...




22/10/2009

Querido diario...

Después de tanto tiempo, me parece increíble volver a este pequeño fondo blanco sobre el que vuelco los pensamientos que fluyen por mi cabeza. Mil veces me he pasado por este espacio de recogimiento y liberación sin atreverme a pulsar una vez más la pestañita de "nueva entrada", quizás por temor de haber olvidado como se hacía, quizás por falta de tiempo ( siendo algo sincera debo admitir que ha sido el principal motivo) o quizás simplemente porque no veía necesidad de plasmar aquí lo que daba vueltas alrededor de mí. Finalmente la droga que supone para mi este ir y venir de letras, de pensamientos y de ideas me ha vencido. Noto la adrenalina de nuevo en mis venas, ya siento la emoción de publicar mis desvaríos otra vez.

Por cuestiones académicas me he visto obligada a leer un libro que lleva por nombre "La escritura invisible". Si aún no habéis tenido la tremenda suerte de que haya caído en vuestras manos, os lo recomiendo encarecidamente. No es una historia al uso; se trata de un estudio sobre los diarios de hoy en día: quién los escribe, cómo y por qué. Tras varias jornadas de lectura, he terminado reflexionando sobre mi propia experiencia como diarista, y es que aún estoy intentando analizar por qué he dejado tan apartado, tan triste y tan abandonado a mi diario. La conclusión que he podido extraer de todo ello, ha sido que ahora estoy pasando o por un momento de estabilidad emocional, o por uno de constantes cambios (con la consiguiente pereza por registrarlos en algún lugar). En estos días me he detenido a pensar en lo útil que resulta escribir, descargar toda esa filosofía en algún soporte físico o digital, liberando la pesada carga de nuestra cabeza y de nuestro corazón. He aquí uno de los puntos a favor que me ha hecho replantearme volver a estas tierras, a estos lares, a tí, querido blog.

Y es que este espacio hace las veces de diario, sin llegar a serlo. Gracias a él puedo dejar olvidados en algún lugar de la red mis problemas, mis inquietudes y mis sueños, tomando cierta consciencia de ellos y afianzándolos en mi futuro próximo como tareas pendientes o desechos que eliminar. No soy una persona constante, o al menos no lo soy en exceso, y yo creo que nunca lo seré, por eso no esperéis demasiado de mí en este aspecto. Hago lo que puedo.

Entrando ya en el terreno de las reflexiones personales, tengo la impresión de que desde finales del curso pasado, estoy entrando en una nueva etapa. No sé muy bien cómo explicarlo, pero siento que todo a mi alrededor se mueve lentamente, algo así como el olor a tierra mojada previo a una tempestad. Huelo cambios, huelo movimiento en mi vida. Y es que si le doy vueltas, en estos últimos meses han sucedido demasiadas cosas en un periodo de tiempo comprimido: oficialmente ya estoy registrada como conductora, aprobé el primer ciclo de mi hermosa carrera, discutí con unos amigos, afiancé relaciones con otros, realicé prácticas en empresa y fui madurando un poquito más. Pero poco.

Me veo inmersa en una vorágine de cambios, de nuevas expectativas, de nuevos horizontes y de vez en cuando siento como mi mundo se tambalea. Y lloro. Y me apena ver que se va desmoronando poco a poco lo que hasta ahora tenía como seguro, y me da miedo. Me da un pavor increíble porque ignoro si lo que vendrá me va a gustar o no, si supondrá algo positivo o simplemente se irá todo al garete. Sobre todo me preocupas tú. Pero no lo entiendes. Tengo tanto miedo a perderte que a veces no me salen las palabras, me tiemblan tanto las piernas que a veces duramente puedo sostenerme en pie. Sé que hay que avanzar para no quedarse estancada, pero es que los cambios me asustan tanto que en ocasiones no puedo ni caminar. "Pero qué tonta eres" me repito constantemente, pero la realidad es que no puedo evitarlo. Tendré que ir poco a poco para no caerme, para poder resistir este viento que me golpea de frente y que amenaza con hacerme volar lejos, muy lejos.

19/06/2009

Un verano por delante

Hace más de un mes desde que no escribo y lo confieso, cada día que pasa me siento peor por no hacerlo. La verdad es que es una costumbre muy sana dejar plasmados aquí los pensamientos (a veces inconexos) que me vienen a la cabeza cuando mis dedos pululan por el teclado, y coinciden con un fragmento de pantalla en el que se puede escribir. Es realmente útil porque en muchas ocasiones, me doy cuenta de que hay ciertos asuntos que me preocupan más de lo que yo pensaba, o justo al contrario. Que ni siquiera los menciono. Igual que un diario, pero en esta ocasión, digital. O virtual. O cibernético. O como os apetezca denominarlo.
Qué decir después de tanto tiempo... en primer lugar, que no tengo excusa. Bueno, hasta el día 5 de junio sí la tuve: los temidos exámenes de final de curso. ¡Dos semanas en el infierno bibliotecario, en las noches repartidas entre los apuntes y los programas de televisión, y las tardes de reclusión entre los barrotes de mi casa! Sin embargo, tengo el placer de comunicaros que todos mis esfuerzos se tradujeron en una gran y buena noticia: aprobado general, incluso con una nota media aceptable. Si no fuera por esa práctica que se me atravesó en febrero en mitad de mi orgullo... pero dejemos las lamentaciones para los cobardes que no se enfrentan a sus temores. ¡Ya llegará el momento en el que me ponga mi malla de gladiadora! Y que tema el león. Ji ji.
Por otro lado, aquí ando con el volante mediante. La carretera cada vez se me hace más pequeña, y poco a poco me voy familiarizando con el asfalto que algún día me conducirá hasta mi casa, o hasta cualquier cafetería, para celebrar con alegría la entrega de un documento en el que esté escrita una palabra tan corta y a la vez tan compleja de obtener a lo largo de nuestra vida, como es un "apto". Pero, muy a mi pesar, ese día aún no ha llegado. ¡Crucemos los dedos para que pueda escribiros y desmentiros ese dato en el menor tiempo posible!
También estoy pendiente de "resolverme el verano", como diría algún conocido mío. Un proyecto que aún no está demasiado claro me llevaría gran parte de mi tiempo de ocio, aunque si en esta profesión tan maravillosa como es el periodismo pretendes ser alguien... hay que empezar prontito a meter la cabeza. Gran frase de un profesor mío que ahora aparece por distintos programas de televisión.
Nada más tengo que añadir, o si acaso, unas pinceladas muy breves. Llega una época del año en la que normalmente me suelo entristecer, porque aquellos a quienes quiero, parten de vacaciones o se exilian en algún lugar al que no me es posible llegar, bien por la lejanía o por el deseo de encerrarse en uno mismo. Por lo que se está perfilando, este verano va a ser distinto. Han confluído una serie de factores que posibilitan la permanencia de aquellos a los que considero mis amigos, o al menos , auna gran parte de ellos. Pero qué le vamos a hacer... vamos creciendo, y cada oveja tira para el monte que le parece más verde, si me permitís el símil. Qué lástima que aún no tengamos la suficiente autonomía (hablo en mi caso), como para emprender un viaje en el que nos juntemos tú y yo, dejando pueblos y trabajos a media jornada de lado. Cuántas ganas, y qué pocas posibilidades tenemos para exiliarnos, como tantas veces hemos hablado, del mundo. Solos. Pero sin sentir el abrazo de la soledad entre los dos.