20 nov 2007

¿sexo artificial? No, gracias!

Aquí os dejo un artículo que he escrito hace poco para un periódico local. No es más que una voz que protesta ante una realidad que se nos vende a los jóvenes y que es difícil de cambiar. Porque no es bueno callarse, aquí va =)

A lo largo de la historia, los mitos sobre el sexo se han sucedido gracias a la concepción de este tema como tabú. Nuestros abuelos apenas tenían alguna fuente de información, y aún hoy en día en ciertas familias se siguen reprimiendo comentarios que hacen alusión explícita o no al sexo; todo ello justificado por haber recibido una “educación del silencio”, por vergüenza a hablar de “eso” con sus hijos ó por temor a despertar su curiosidad y de esta forma incitarlos a su ejecución.

Uno de los problemas al que nos enfrentamos los adolescentes del 2007, es la concepción del sexo como una simple relación carnal, un mero esfuerzo físico que apenas entraña connotaciones. Esta visión es la que se nos ofrece en los medios de comunicación, en donde se suceden las películas cuyos protagonistas se acuestan sin apenas conocerse o las películas porno en las que se fomenta aún con más ahínco dicho comportamiento. Así, es inevitable que nos preguntemos ¿pero qué es en realidad el sexo?

“El sexo es muy importante para el hombre, es la expresión suprema de la comunicación, la forma más intensa de relacionarse que existe” – afirma un importante sociólogo Zamorano. Sin embargo, el sexo no sólo lo encontramos por debajo de nuestra cadera. Desde el simple rubor hasta la sensación más potente están controlados por nuestra mente (concretamente en una zona denominada hipotálamo, en donde se concentran y rigen nuestras emociones), el órgano más poderoso en relación con el sexo. Por todo ello, no debemos considerar la pérdida de la virginidad o el acto sexual como un reto, una proeza o un objetivo de carácter discriminatorio. El sexo es algo más que todo eso; en teoría debería ser la expresión física del amor que sientes hacia una persona y de lo cómodo que te sientes con ella.

Sin embargo, la inmediatez, el ansia por experimentar y el temor a ser rechazados son los tres factores que rigen las vidas de los jóvenes de hoy. Se desea conocer y tener una pareja lo antes posible, experimentar lo que se siente al darle una calada a un cigarrillo y comprobar en la piel de cada uno los efectos de una borrachera. Todo ello tintado con las inseguridades y temores propios de la adolescencia, que en algunas ocasiones aceleran dichos comportamientos. Pero no todo es tan maravilloso como los anuncios de televisión, y tras estas actitudes posiblemente se escondan embarazos no deseados, enfermedades venéreas y multitud de desilusiones.

Esta situación contrasta enormemente con la gran cantidad de información disponible en relación con el sexo, que es pagada por los jóvenes con indiferencia. Tres de cada 10 españolas según una encuesta no utilizaron ningún preservativo en su primera relación sexual, aún conociendo los riesgos que ello entraña. Así, el número de embarazos no deseados se ha disparado en los últimos años, siendo este hecho acuciado por la dificultad de encontrar un centro en el que dispensen la pastilla del día después, un método excepcional de urgencia ante un coito de riesgo.

Por todo ello, nos encontramos ante una sociedad que presume de “moderna” y “progresista”, cuando en realidad nuestros jóvenes, nosotros, “el futuro”, jugamos sin control a un juego de naipes en el que la reina de corazones brilla por su ausencia, apostando más y más desprovistos de toda emoción, de todo sentimiento. Me pregunto si en el día de mañana, los jóvenes sabrán lo que es el amor o tendrán que buscarlo en el diccionario…

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