15 dic 2008

En tan solo un minuto...

Es cierto que un mal día lo tiene cualquiera. Es cierto que un día podemos meter la pata... es cierto. Yo llevo cuatro días preguntándome si soy yo. ¿Soy yo la que falla? Hoy me daba miedo mirarme al espejo y constatarlo, quizás por eso estuve tan rara. Trabajos y más trabajos... exposiciones, exámenes; todo se nos junta y varios granitos de arena conforman una montaña. Espero que sea eso, una montaña de arena que con ayuda del viento y del tiempo se derrumbe. Eso espero. Me asusta la minúscula posibilidad de perderte, de que ya no sientas lo mismo, de que piensen que no soy para tí. Me asusta, ¡me aterra incluso! mirarte a los ojos y verte sombrío, distante, cabizbajo. Me siento desgraciada al mirarte y ver que no hay alegría en tus ojos, que no me miras, que tu eterna sonrisa pícara ha desaparecido. Se me rompe el corazón y lo recojo en pedacitos, te agarro fuertemente las manos y te los entrego, para ver si reaccionas. Esta vez hubo suerte, te abrazo y respondes. En tan solo un minuto. Me parece tocar el cielo cuando te acaricio el pelo. "Tranquilo, no tengas miedo... siempre te voy a cuidar..." resuena en mi cabeza... respiro fuertemente y siento que efectivamente te tengo a mi lado. Te alejas, y es que no te gusta que te agobien. Lo entiendo y te dejo libre, pero a condición de que me mires y sonrías. Lo hiciste! De repente, tu sonrisa se convierte en lo más bonito a cien kilómetros a la redonda. ¿cómo puedo ser tan feliz con un solo gesto tuyo? ¿como me puedo sentir tan dichosa de amarte con locura cada vez que me reflejo en tus ojos castaños? Te quiero tanto... tanto que es difícil de imaginar y absurdo de intentar explicar con palabras vagas como als que ahora estoy utilizando. Me exprimiría el corazón y te daría cada gota de amor que obtuviese, porque todas son tuyas. Tú... mi perdición, y a la vez, mi puerta al paraíso...