1 jul 2008

Un cachito de la historia

Esto es lo último que he escrito de la historia que estoy haciendo. Seguramente no se entienda muy bien el argumento, es sólo para conocer vuestra opinión y saber si gusta, si no gusta, si realmente escribo fatal o si por el contrario alguien está interesado en leer más. De hecho he puesto una encuesta para conocer vuestras opiniones. ¡Espero que os guste!.



Ella lloró. No podía quedarse impasible ante tamaña situación. Sabía que aquello podría ser algo parecido al fin, y que no estaba en su mano evitarlo. Lamentablemente. Contempló la expresión ausente de James brillar en la oscuridad. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, sentía el viento rozarle la cara, mover sus cabellos. Una lágrima se deslizó silenciosa recorriendo su mejilla, mientras escuchaba el rumor del mar. Él no sonreía, no hacía ninguna mueca. Buscó en su expresión algo qu le indicase que no iba por mal camino, algo por lo que mereciera la pena luchar, algo, simplemente algo que le transmitiera que aquello le suponía un dolor tan inmenso como a ella. No lo encontró. Su expresión era neutra, quizás se debiese a aquella manía que tenía James de no mostrar sus sentimientos en presencia de alguien, algo que a Dalía le carcomía por dentro. De repente sintió deseos de sacudirle, de abrirle por la mitad y ver si en realidad todo lo que le había dicho hace escasos minutos era verdad; la pena que le embargaba, la angustia que se derivaba de la inevitable partida. Ella creía en lo que él le confesaba, lo había creído durante todo el tiempo que había pasado con el joven, pero guardaba secretamente la esperanza de que, llegado un momento determinado, y que podría corresponderse con el actual perfectamente, James se derrumbaría y mostraría su verdadera cara en toda su extensión. Ilusión rota. Confiaba en él, había depositado toda su energía en esto… ahora era incapaz de articular palabra alguna. James la miraba desconcertado, expectante, mostrándose receptivo. Secó sus mejillas con sus manos, tomo su barbilla y situó sus ojos al mismo nivel que los de Dalía. La miró fijamente durante unos segundos y cerró los ojos. Acercó su cara lentamente, y le besó en los labios, suavemente. La luna les proporcionaba una luz celestial, y las estrellas comenzaron a girar entorno a ellos. Dalía se aferró fuertemente a sus brazos, cedió su alma a aquel joven que tanto había dado por ella, y al que tanto amaba.


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