12 nov 2009

Aprendiendo a caminar

Qué le vamos a hacer, hoy estoy un poco sensible. Quizás sea que tras la presión, y cuando por fín llega la calma después de unos días de continuo sprint universitario, todo aquello que había enmascarado vuelve con más fuerza. Y no estás.

Han sido unos días en los que he estado muy ausente y soy consciente de ello, pero mi tiempo ha sido devorado por un trabajo que ha exigido mucho más de mí de lo que estoy acostumbrada. Esta mañana me liberé de esa carga con una gran alegría, en parte por el resultado obtenido, y también en parte por el gran peso de encima que me quitaba y que hacía que no pudiese estar todo lo pendiente que me hubiera gustado de la gente a la que quiero y que está a mi alrededor.

Este esfuerzo, pero sobre todo las positivas consecuencias que ha ocasionado, me están haciendo replanterme ciertas cosas en cuanto a mi forma de trabajar, pero básicamente lo que me ha aportado, ha sido fuerza. Porque la necesito. Necesito un motivo, una excusa o algo similar en lo que centrarme por las tardes, para olvidarme del teléfono y no pensar que no estás a mi lado para pedirte ayuda.

Me considero una persona activa, y últimamente también le estoy dando (quizás demasiadas) vueltas a la cabeza sobre mi situación en estas navidades. Situación laboral, quiero decir. Me gustaría volver al mundo de las prácticas, a los micrófonos, a aprender todo lo que me quieran enseñar. ¡Quiero ser una esponja, absorber destrezas! Dicho así puede sonar un poco alocado, que lo es, pero no me agrada estar detenida demasiado tiempo, necesito movimiento. Quiero progresar, y precisamente por eso estoy deseando que comience a caminar ese pequeño proyecto en manos amigas que me ilusiona enormemente. Nos debemos una charla, motera, porque en estos momentos me vendrían bien algunos de aquellos consejos tuyos, de algunas palabras de un alma muy parecida a la mía, y que en muchas ocasiones parecen una sola ;)

Como decía al principio, y cambiando ligeramente de tema, esta semana estoy un poco sensiblona. Cada vez que lo pienso, me harían falta unos maullidos y algunas leyendas de marionetas que me acompañasen de vez en cuando, sobre todo en esas tardes de soledad parcial en las que deseo más que nunca abrazarte y la distancia me lo impide. Pero no solo son los kilómetros la barrera que me impide llegar hasta tí, porque sabes que, al menos para mí, nunca ha sido un verdadero inconveniente. Se trata más bien de una cuestión personal, de una resolución que tomé hace algún tiempo y que pretendo seguir aplicando. Y es que aunque no lo parezca, estoy madurando, puliendo esas conductas que me causaban más daño que bienestar, a pesar de que ahora el efecto sea justamente el contrario.

Pero eso no significa que no te eche de menos, ni que no me muera por abrazarte, ni que cada noche que pasa sin que te haya mirado a los ojos no me duela un poco más el corazón. Intento adaptarme y hacerme a la idea de que es algo que es necesario, pero lo siento, necesito tiempo... necesito el tiempo suficiente para acostumbrar a mis pulmones a respirar sin tu aliento, para aprender a no buscarte en el andén, pero sobre todo, para evitar el impulso de llamarte cada pocos minutos y decirte cuánto me gustaría tenerte a mi lado...

3 comentarios:

Una Motera dijo...

Me encanta de que tu progreso y tus ganas de comerte el mundo se vean reflejadas aquí, de la semana viene no pasa, eh? Nos vemos seguro. Una motera ;)

amigo invisible dijo...

Nadie dijo que los tiempos de cambio fueran fáciles, pero siempre son útiles..., sé que eres consciente de esto así que no repetiré lo que ya conoces de sobra.

Si heces fuerza de tu debilidad no pasarás a ser mas fuerte sino INVENCIBLE y la gente que te quiere, tanto los que estan como los que nos ausentamos sabemos que no tardarás mucho en aprender a ver su aliento como un elixir de vida y no como la kriptonita que te hiere.

En un momento de tu vida sin saber muy bien el motivo os encontrasteis, y notando grata su presencia y por acuerdo propio decidisteis acompañaros en el camino. El te hacía feliz con su presencia pues ademas de buen caminante era un excelente conversador.Sabía como hacer que te sientieras agusto entre zarzas y cantos de piedra, parecía anestesiar tus dolores, pero en realidad no hacía mas que estar contigo.
Hoy por causas que aún no logras comprender se ve obligado a tomar un camino que en un principio parece no ser como el tuyo y debeis separaros temporalmente hasta el siguiente cruce..., tu te sientes morir.. ¿ ¿como andaré por los nuevos obstáculos sin él?¿ cómo atravesaré el barro? ¿cómo trepare los montes?..... solo bastó un día para darte cuenta de que él ya lo tenía todo pensado, el sabía que tendría que irse y sabiendo que érais importantes el uno para el otro, se aseguró de no ayudarte ni una sola vez a saltar los obstáculos, pues durante todo este tiempo el sólo esperó a que los saltarás por ti misma.Y ahora te diste cuenta..., él no hizo mas que esperarte, todo lo que hiciste por ti misma y esta separación en el camino no es mas que otro obstáculo que debes sortear por ti misma, pues el está en el siguiente cruce esperando que regreses..., así que aprieta tu petate y ponte en marcha, pues no queremos hacerle esperar!!¿ verdad?

Lo importante de la historia que acabo de inventar es que una de las cosas importantes de mantener en una relacion es la individualidad.., no podemos condicionar nuestra felicidad en base a otra persona. En la historia tu acompañante es otro caminante, no un caballo o burro que estaba solitario por allí, pues tratándose de un burro si que te hubiera costado sortear los obstáculos por ti misma, ya que los anteriores los habrías pasado a lomos de tu fiel equino.

amigo invisible dijo...

Vale.. esto me pasa por no releer lo que escribo.., hay que poner "tu" en la siguiente parte:

"..el sólo esperó a que TU los saltarás por ti misma..."

Seguro que hay mas cosas mal pero no me voy a poner a mirarlo, espero que me disulpes.