4 nov 2009

¡Bendita intuición!

Parece que de vez en cuando, resulta positivo atravesar una época negativa. Contradictorio, ¿verdad? Creo que solamente en estos casos eres capaz de pararte a pensar en ciertas cosas, de reaccionar, de llevar a cabo empresas que desconocías que podías hacer. Y en ese punto me encuentro exactamente ahora mismo, en una etapa de transición hacia algo que no tengo aún muy claro qué es. Supongo que a eso le llaman futuro, o simplemente evolución.

Me veo en la obligación de confesaros que al final venció la intuición, a pesar de las lágrimas vertidas por el camino. Porque quiero ser periodista, y por que soy en muchos sentidos impulsiva, me dejé guiar por el corazón, por una corazonada muy distinta a la que nos robó la ilusión hace unos días. Y finalmente estuve allí. Pude acceder a tu universo privado, por unos minutos tuve la oportunidad de sentarme cerca de tí, en una nube. Un lugar privilegiado da para mucho. Tuve la gran suerte de escuchar unas palabras increíbles pronunciadas por profesionales increíbles (y totalmente aplicables a mi!), un discurso maravilloso con guiños reconocibles de mano de una de las personas que más me importan y a las que más quiero, a pesar del relativo poco tiempo que paso a su lado... y al final pude estar a tu lado en uno de los momentos más maravillosos de tu vida (y confieso que de la mía también). No cabía en mí de lo orgullosa que estaba en ese instante, y tengo que admitir qu no me canso de ver el vídeo una y otra vez.

Mención aparte merece la "fiestecilla" de después, en la que me sentí en ese escalón situado por encima de una princesa. Las ganas de felicitaros a todos me podían, y una tras otra se fueron sucediendo las caras conocidas, algunas más agradables que otras (todo hay que decirlo). Quería que ese día fuera especial, así que intenté desaparecer, hacerme invisible para regalarte los minutos que te pertenecían a tí y sólo a tí. Las ganas de abrazarte, de rodearte con mis brazos y de cubrirte a besos podían esperar, porque el orgullo y la felicidad que me embargó en aquella tarde no iba a desaparecer, de eso al menos estaba segura. Y pienso reclamarlos tarde o temprano. Gracias por permitirme entrar en tu vida, y sobre todo, por darme la oportunidad de verte brillar en algo parecido a un paraíso dorado, en el que tú eras el ángel más bello.

1 comentario:

María dijo...

Sólo se me ocurre decirte: nunca dejes de creer en ti. Me has dejado sin palabras. Gracias por la parte que me toca. Y sobre todo, espero qeu mi brother se sienat orgulloso de tener una compañera de vida que le diga estas cosas al oído del mundo. Maravilloso. Un abarzo