8 may 2008

oscuro

Hoy el cielo está nublado, cubierto con una manta de hielo. La lluvia lo impregna todo, lo roza, lo acaricia dejando tras de sí un rastro inconfundible. Me detengo y cierro los ojos, pienso en lo agradable que es esa sensación de quedarte quieto, sin mover un solo dedo, bajo la lluvia. Respiro profundamente, permitiendo que mis pulmones recobren ese aliento, esa pizca de aire que les faltaba. Me encuentro serena, y a la vez ausente. Mi cabeza gira más rápido que el tiovivo de una feria ambulante, y se detiene en un rostro que se va difuminando con los días. No quiero pensar en ello, intento arrancar de mi memoria las imágenes que tanto me recuerdan y que a la vez, tanto me duelen. Pienso en tí, en cuánto te disgustaría que me perdiese en esa dirección... ahora no necesito invocarlos, se apresuran a mí esos amigos de verdad infundiéndome ánimo en lo más profundo de mi corazón. Comienzo a sentir sus latidos de nuevo. Perdóname, pero me he vuelto a quedar suspendida en algún lugar extraño de mi mente, donde los recuerdos se mezclan con la poca fe que me queda, y han hecho de mí algo semejante a lo que ahora soy. Intento mirar el sol que se esconde tras el horizonte, y aquella sensación de que algo de mí se desvanece se ha vuelto a hacer más intensa. Siento frío, abro los ojos y veo que mi mundo sigue ahí, en el mismo lugar en el que lo dejé. O eso parece. Camino lentamente mirando al cielo. No es el mismo. Ahora está oscuro.

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