8 sept 2008

Un verano exprimido


Hola de nuevo! Parece que el veranito se va terminando lentamente, y las aguas vuelven a su cauce... no por ello menos revueltas, claro está. Ello lo demuestran mis dedos oxidados, tan desgastados de tanto gritar a los cuatro vientos hace apenas tres meses, y tan parcos en movimiento ahora. Puedo escuchar incluso los goznes de mi cabeza girar. Rrrrrr... intento buscar palabras que expresen en dos o tres vocablos todo este verano, pero es imposible sin recurrir a la ayuda inestimable de una buena parrafada.


Este ha sido un verano extraño, atípico. Comenzó un tanto confuso, con mi cabeza revoloteando sobre diversos asuntos que no quiero traer ahora a colación... comencé un tanto inestable. Cuando parecía que la tempestad había pasado, no había hecho más que comenzar, y el agua había vuelto a agitarse sobremanera. Menos mal que el sol todo lo cura. Acepté que hay veces que la vida cambia, y que debe cambiar para mejorar en algunos aspectos; es inevitable girar una esquina o torcer una calle para encontrar después de tal acción una tienda escondida, que con el tiempo tal vez se convierta en la tienda de tus sueños. El tesón y las ganas de descanso hicieron el resto. Así, entre apuntes olvidados escritos con mano de apache y chapuzones efímeros, julio pasó raudo, sin apenas dejarme tiempo para abrir la boca.


Agosto se había impuesto magnífico, con promesas de independencia y avance. Dos semanas en las estepas extremeñas me hicieron aprender muchas cosas, pero sobretodo a valorar lo que tengo. También me hizo reflexionar sobre mi futuro, sobre lo que soy y lo que quiero llegar a ser, sobre mi y sobre nosotros. Parece ser que los rayos de sol esclarecieron un recodo del camino que aún no me había detenido a contemplar, y que para mi sorpresa, mostraba un paisaje bellísimo. Así, entre idas y venidas, de nuevo eché raíces para quedarme por un tiempo de nuevo en mi sitio, que aunque no lo sienta del todo mio (por imposiciones que me venían y me vienen grandes), tiene una parte importante de mí por la que merece la pena luchar.


Las ondas y los papeles han sido los dos compañeros que me han acompañado durante estos dos meses que han volado tan aprisa. Mi voz comienza a llegar a algunas personas y siento que tengo la posibilidad de convertirlos en algo mio, en arrastrarles en el vértice que me rodea cuando me acerco al micrófono, en contagiarles el ritmo que serpentea por mis venas al escuchar alguna canción risueña. Todo ello porque quiero llegar a ser buena, quiero demostrarme que puedo. Porque al fin y al cabo, llegados a un momento lo importante es demostrarse a uno mismo que eres capaz, que una temporada de capa caída no ha podido ni podrá contigo, que dos exámenes, una liga perdida, una temporada esquivo no significan nada... hay veces que necesitas saber que todo sigue igual, que tú eres el mismo, que no has caído derrotado. Que todo por lo que has luchado efectivamente sigue ahí, mirándote con curiosidad, a tu lado; preguntándose qué puede pasar por tu cabeza y cómo podría conseguir que una sonrisa asomase a tu rostro. Finalmente opta por reirse, por abrazarte y por decirte que siempre permanecerá a tu lado, que te quiere, y en tu interior, por fin, sientes como algo se vuelve a encender. Y te sientes valiente. Y vivo. Entonces todo toma otro rumbo. Debo confesar que en un principio esa era mi meta, mi pequeña meta, un sueño en el que mi unico objetivo es tu felicidad. A mi lado. De ahí las largas conversaciones, mis sms sonámbulos huyendo hasta tu movil, mis interminables abrazos y palabras de apoyo. Mi eterno "yo estaré aquí", aunque no lo necesites. Tú y yo. Punto.


No hay comentarios: