Resulta paradógico que, siendo obligatorio escribir una entrada semanal en el blog que disney que he creado para la universidad, y dos post más en uno asociado a ese, me encuentre redactando los pensamientos que toman forma en el aire, tras salir de mi cabeza, y plasmarlos en este blog. Aún no lo entiendo. Tal vez sea porque me guste llevar la contraria... sí, será por eso. Me gusta. Disfruto con la aleatoriedad de mis acciones, cambiando la táctica en cuanto me doy cuenta de que mi oponente se la sabe. O se piensa que se la sabe. Pero hoy el post no va de cartas, ni de contraria, sino de amigos.
Me enorgullece decir que cada vez, son más los que me escuchan los domingos por la mañana. ¡Siento que mi voz puede llegar lejos! Y es que sin vosotros, no sería nada. Podría construir una guitarra estupenda, pintarla con esmero... pero sin las cuerdas, no sería considerada un instrumento como tal. Pues lo mismo le sucede a mi programa. Sois vosotros, las pequeñas piezas los que me dais las fuerzas para continuar levantandome cada domingo a las nueve, caminar media hora hacia la emisora, y posteriormente abrir las puertas de lo que en mi reducido tiempo de ocio considero mi libertad. Es mi paraíso terrenal. Pues bien, como decía antes, esta semana ha sido realmente especial en relacion a vosotros. Habéis aparecido todos de repente, como las estrellas al caer la noche, sin ser llamadas. En las ondas me acompañaron mis eternas compañeras de juegos, mis dos rubias favoritas, mis dos apoyos cuando la flaqueza se cuela en mi cuerpo. Apareció ese informático al que no veo desde hace ya demasiado tiempo, y con el que me gustaría compartir un café, y ese amigo que últimamente no pasa por su mejor momento, pero al que apoyo con todo mi corazón. La semana empezó con confesiones, con problemas ocultos bajo una expresión pétrea y con la ansiedad pintada en el rostro de una incorporación reciente al elenco de amigos, que me sufrirá en el pupitre de al lado. También regresaste tú, como siempre sacando lo mejor de mí con tu humor irónico y directo, con tus conversaciones profundas y con la complicidad que siempre te ha caracterizado. Te eché tanto de menos... No quiero terminar sin mencionarte, motera, porque tu mail también me demostró que estás ahí, y que tal y como me dijeron, eres una de las mejores personas que he conocido. Gracias por darme alas.
Y ya para conclucir, solo me quedas tú ... el responsable de mi locura permanente, de que cada vez que hable de tí, se me escape el corazón por la boca. Es cierto que últimamente extraño esa evasión que me regalabas, la mirada alegre y la entrega total, pero entiendo que el rumbo de la vida no siempre es el mismo. Aún así, gracias por regalarme los suspiros de aire con los que vivo...
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