Hace más de un mes desde que no escribo y lo confieso, cada día que pasa me siento peor por no hacerlo. La verdad es que es una costumbre muy sana dejar plasmados aquí los pensamientos (a veces inconexos) que me vienen a la cabeza cuando mis dedos pululan por el teclado, y coinciden con un fragmento de pantalla en el que se puede escribir. Es realmente útil porque en muchas ocasiones, me doy cuenta de que hay ciertos asuntos que me preocupan más de lo que yo pensaba, o justo al contrario. Que ni siquiera los menciono. Igual que un diario, pero en esta ocasión, digital. O virtual. O cibernético. O como os apetezca denominarlo.
Qué decir después de tanto tiempo... en primer lugar, que no tengo excusa. Bueno, hasta el día 5 de junio sí la tuve: los temidos exámenes de final de curso. ¡Dos semanas en el infierno bibliotecario, en las noches repartidas entre los apuntes y los programas de televisión, y las tardes de reclusión entre los barrotes de mi casa! Sin embargo, tengo el placer de comunicaros que todos mis esfuerzos se tradujeron en una gran y buena noticia: aprobado general, incluso con una nota media aceptable. Si no fuera por esa práctica que se me atravesó en febrero en mitad de mi orgullo... pero dejemos las lamentaciones para los cobardes que no se enfrentan a sus temores. ¡Ya llegará el momento en el que me ponga mi malla de gladiadora! Y que tema el león. Ji ji.
Por otro lado, aquí ando con el volante mediante. La carretera cada vez se me hace más pequeña, y poco a poco me voy familiarizando con el asfalto que algún día me conducirá hasta mi casa, o hasta cualquier cafetería, para celebrar con alegría la entrega de un documento en el que esté escrita una palabra tan corta y a la vez tan compleja de obtener a lo largo de nuestra vida, como es un "apto". Pero, muy a mi pesar, ese día aún no ha llegado. ¡Crucemos los dedos para que pueda escribiros y desmentiros ese dato en el menor tiempo posible!
También estoy pendiente de "resolverme el verano", como diría algún conocido mío. Un proyecto que aún no está demasiado claro me llevaría gran parte de mi tiempo de ocio, aunque si en esta profesión tan maravillosa como es el periodismo pretendes ser alguien... hay que empezar prontito a meter la cabeza. Gran frase de un profesor mío que ahora aparece por distintos programas de televisión.
Nada más tengo que añadir, o si acaso, unas pinceladas muy breves. Llega una época del año en la que normalmente me suelo entristecer, porque aquellos a quienes quiero, parten de vacaciones o se exilian en algún lugar al que no me es posible llegar, bien por la lejanía o por el deseo de encerrarse en uno mismo. Por lo que se está perfilando, este verano va a ser distinto. Han confluído una serie de factores que posibilitan la permanencia de aquellos a los que considero mis amigos, o al menos , auna gran parte de ellos. Pero qué le vamos a hacer... vamos creciendo, y cada oveja tira para el monte que le parece más verde, si me permitís el símil. Qué lástima que aún no tengamos la suficiente autonomía (hablo en mi caso), como para emprender un viaje en el que nos juntemos tú y yo, dejando pueblos y trabajos a media jornada de lado. Cuántas ganas, y qué pocas posibilidades tenemos para exiliarnos, como tantas veces hemos hablado, del mundo. Solos. Pero sin sentir el abrazo de la soledad entre los dos.
1 comentario:
Espero que tu verano esté cumpliendo las expectativas. Yo me lo pasé muy bien. Ayer compré cosas. Nos vemos esta semana si quieres. Un abrazo. Tu amiga M. ;)
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