Después de tanto tiempo, me parece increíble volver a este pequeño fondo blanco sobre el que vuelco los pensamientos que fluyen por mi cabeza. Mil veces me he pasado por este espacio de recogimiento y liberación sin atreverme a pulsar una vez más la pestañita de "nueva entrada", quizás por temor de haber olvidado como se hacía, quizás por falta de tiempo ( siendo algo sincera debo admitir que ha sido el principal motivo) o quizás simplemente porque no veía necesidad de plasmar aquí lo que daba vueltas alrededor de mí. Finalmente la droga que supone para mi este ir y venir de letras, de pensamientos y de ideas me ha vencido. Noto la adrenalina de nuevo en mis venas, ya siento la emoción de publicar mis desvaríos otra vez.
Por cuestiones académicas me he visto obligada a leer un libro que lleva por nombre "La escritura invisible". Si aún no habéis tenido la tremenda suerte de que haya caído en vuestras manos, os lo recomiendo encarecidamente. No es una historia al uso; se trata de un estudio sobre los diarios de hoy en día: quién los escribe, cómo y por qué. Tras varias jornadas de lectura, he terminado reflexionando sobre mi propia experiencia como diarista, y es que aún estoy intentando analizar por qué he dejado tan apartado, tan triste y tan abandonado a mi diario. La conclusión que he podido extraer de todo ello, ha sido que ahora estoy pasando o por un momento de estabilidad emocional, o por uno de constantes cambios (con la consiguiente pereza por registrarlos en algún lugar). En estos días me he detenido a pensar en lo útil que resulta escribir, descargar toda esa filosofía en algún soporte físico o digital, liberando la pesada carga de nuestra cabeza y de nuestro corazón. He aquí uno de los puntos a favor que me ha hecho replantearme volver a estas tierras, a estos lares, a tí, querido blog.
Y es que este espacio hace las veces de diario, sin llegar a serlo. Gracias a él puedo dejar olvidados en algún lugar de la red mis problemas, mis inquietudes y mis sueños, tomando cierta consciencia de ellos y afianzándolos en mi futuro próximo como tareas pendientes o desechos que eliminar. No soy una persona constante, o al menos no lo soy en exceso, y yo creo que nunca lo seré, por eso no esperéis demasiado de mí en este aspecto. Hago lo que puedo.
Entrando ya en el terreno de las reflexiones personales, tengo la impresión de que desde finales del curso pasado, estoy entrando en una nueva etapa. No sé muy bien cómo explicarlo, pero siento que todo a mi alrededor se mueve lentamente, algo así como el olor a tierra mojada previo a una tempestad. Huelo cambios, huelo movimiento en mi vida. Y es que si le doy vueltas, en estos últimos meses han sucedido demasiadas cosas en un periodo de tiempo comprimido: oficialmente ya estoy registrada como conductora, aprobé el primer ciclo de mi hermosa carrera, discutí con unos amigos, afiancé relaciones con otros, realicé prácticas en empresa y fui madurando un poquito más. Pero poco.
Me veo inmersa en una vorágine de cambios, de nuevas expectativas, de nuevos horizontes y de vez en cuando siento como mi mundo se tambalea. Y lloro. Y me apena ver que se va desmoronando poco a poco lo que hasta ahora tenía como seguro, y me da miedo. Me da un pavor increíble porque ignoro si lo que vendrá me va a gustar o no, si supondrá algo positivo o simplemente se irá todo al garete. Sobre todo me preocupas tú. Pero no lo entiendes. Tengo tanto miedo a perderte que a veces no me salen las palabras, me tiemblan tanto las piernas que a veces duramente puedo sostenerme en pie. Sé que hay que avanzar para no quedarse estancada, pero es que los cambios me asustan tanto que en ocasiones no puedo ni caminar. "Pero qué tonta eres" me repito constantemente, pero la realidad es que no puedo evitarlo. Tendré que ir poco a poco para no caerme, para poder resistir este viento que me golpea de frente y que amenaza con hacerme volar lejos, muy lejos.
Por cuestiones académicas me he visto obligada a leer un libro que lleva por nombre "La escritura invisible". Si aún no habéis tenido la tremenda suerte de que haya caído en vuestras manos, os lo recomiendo encarecidamente. No es una historia al uso; se trata de un estudio sobre los diarios de hoy en día: quién los escribe, cómo y por qué. Tras varias jornadas de lectura, he terminado reflexionando sobre mi propia experiencia como diarista, y es que aún estoy intentando analizar por qué he dejado tan apartado, tan triste y tan abandonado a mi diario. La conclusión que he podido extraer de todo ello, ha sido que ahora estoy pasando o por un momento de estabilidad emocional, o por uno de constantes cambios (con la consiguiente pereza por registrarlos en algún lugar). En estos días me he detenido a pensar en lo útil que resulta escribir, descargar toda esa filosofía en algún soporte físico o digital, liberando la pesada carga de nuestra cabeza y de nuestro corazón. He aquí uno de los puntos a favor que me ha hecho replantearme volver a estas tierras, a estos lares, a tí, querido blog.
Y es que este espacio hace las veces de diario, sin llegar a serlo. Gracias a él puedo dejar olvidados en algún lugar de la red mis problemas, mis inquietudes y mis sueños, tomando cierta consciencia de ellos y afianzándolos en mi futuro próximo como tareas pendientes o desechos que eliminar. No soy una persona constante, o al menos no lo soy en exceso, y yo creo que nunca lo seré, por eso no esperéis demasiado de mí en este aspecto. Hago lo que puedo.
Entrando ya en el terreno de las reflexiones personales, tengo la impresión de que desde finales del curso pasado, estoy entrando en una nueva etapa. No sé muy bien cómo explicarlo, pero siento que todo a mi alrededor se mueve lentamente, algo así como el olor a tierra mojada previo a una tempestad. Huelo cambios, huelo movimiento en mi vida. Y es que si le doy vueltas, en estos últimos meses han sucedido demasiadas cosas en un periodo de tiempo comprimido: oficialmente ya estoy registrada como conductora, aprobé el primer ciclo de mi hermosa carrera, discutí con unos amigos, afiancé relaciones con otros, realicé prácticas en empresa y fui madurando un poquito más. Pero poco.
Me veo inmersa en una vorágine de cambios, de nuevas expectativas, de nuevos horizontes y de vez en cuando siento como mi mundo se tambalea. Y lloro. Y me apena ver que se va desmoronando poco a poco lo que hasta ahora tenía como seguro, y me da miedo. Me da un pavor increíble porque ignoro si lo que vendrá me va a gustar o no, si supondrá algo positivo o simplemente se irá todo al garete. Sobre todo me preocupas tú. Pero no lo entiendes. Tengo tanto miedo a perderte que a veces no me salen las palabras, me tiemblan tanto las piernas que a veces duramente puedo sostenerme en pie. Sé que hay que avanzar para no quedarse estancada, pero es que los cambios me asustan tanto que en ocasiones no puedo ni caminar. "Pero qué tonta eres" me repito constantemente, pero la realidad es que no puedo evitarlo. Tendré que ir poco a poco para no caerme, para poder resistir este viento que me golpea de frente y que amenaza con hacerme volar lejos, muy lejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario